El Marketing es la vida. No, no es mi vida. Es mi trabajo.

Digo que es la vida porque al parecer todo se está convirtiendo en campañas de ventas y promociones.

Vendemos nuestra imagen (pero al parecer no mentimos), vendemos nuestro tiempo, nuestros conocimientos, nuestros seguidores, nuestros amigos e incluso nuestras familias. Aquí todo el mundo parece ser de Director General para arriba. Últimamente no me encuentro con un simple Técnico de Marketing, de los de toda la vida, o un sencillo Comercial, o un vulgar Administrativo. Ahora todos somos General Manager, Account Manager, por supuesto Community Manager; pero sobre todo me encuentro con mucho Freelance.

¿Eso qué es? ¿El autónomo de toda la vida? Podría ser así, pero no lo es. Los Freelance de nuestros tiempos son compañeros desempleados en búsqueda activa de empleo (bonita frase muy manida en Linkedin y otras RRSS). Con lo fácil que sería decir que estamos en el paro buscando lo que sea. Claro que a alguien que ha sido Director de Marketing durante más de 10 años es algo reacio a rebajar su “nivel” o “categoría”. Tal vez piensen que las empresas valoran más que se esté en activo, aunque esa actividad suponga actualizar la página web personal del primo de turno o de la cafetería del barrio.

Ahora, al parecer, importa más la cantidad que la calidad. Si tienes 10.000 seguidores en Twitter eres un gurú (y por supuesto tienes trabajo asegurado dando charlas y conferencias en Institutos de prestigio y cafeterías varias). Si superas los 5.000 fans en faccebook puedes considerarte casi casi una empresa (podrías vender cualquier cosa a tus colegas). Si tienes 1.000 contactos en Linkedin… Si tienes 1.000 contactos en Linkedin, ¿qué haces “en búsqueda activa de empleo”? Se supone que esta Red Social facilita esa búsqueda… Ah, ya caigo. Resulta que de esos 1.000 contactos, 998 están en tu misma situación, son Freelance.

Parece que estamos mareando demasiado a la pobre perdiz que un día de estos va a echar a volar y va a desaparecer para siempre. ¿Me explico?