Hablar bien en público, esa es la cuestión. Si hablamos de Protágoras de Abdea, quizá te suene a chino. Pues no, es griego. Fue el creador del arte retórico, el primero en recibir honorarios por enseñar este arte.

«Era famosa en la antigüedad una anécdota acerca de un pacto de honorarios entre Protágoras y un discípulo suyo, llamado Evatlo. Habían acordado el pago solo para el evento de que el aprendiz llegara a ganar un juicio haciendo uso de las adquiridas dotes retóricas. Evatlo, como no ganaba caso alguno, se negaba a pagar. Entonces, Protágoras lo llevó a juicio, diciéndole: “Si yo gano, es preciso que por haber ganado me entregues los honorarios; si tú ganas, por haberse cumplido la condición, también deberías pagarme.” A esto se le conoce como paradoja de Protágoras.»

Quizá si te digo que a él se le atribuye la famosa frase «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son», tal vez te suene algo más. Esta frase, originalmente escrita en los textos perdidos Los discursos demoledores, ha llegado a nosotros a través de transcripciones y citas de Platón, Aristóteles o Hermias.

Hablar bien en público y la otoepía.

Protágoras convirtió en arte la ciencia de la ortoepía, la forma de pronunciar correctamente.

Pero no confundamos ortoepía con ortoépica. La primera hace referencia a la corrección de la forma en la que pronunciamos, sin tener en cuenta su relación con la ortografía. La segunda se refiere a pronunciar correctamente basándose en lo que está escrito.

Para que se entienda mejor, alguien con problemas de ortoepía tiene problemas articulatorios, pequeños defectos musculares, dificultades en el control de la lengua, paladar, cara, cuello… Estos problemas se corregirán a través de técnicas logopedas.

En el caso de tener dificultad ortoépica, lo que ocurre es que no reconocemos los sonidos que representan algunas letras y su asociación con otras consonantes y/o vocales. Por lo tanto, aquí tenemos problemas educativos o cognitivos.

Ambas disciplinas se incorporan a la retórica para afianzar la palabra y el arte de la persuasión y el convencimiento.

En realidad la retórica, como dijo Aristóteles, es la contraparte de la dialéctica.

Ensayar y practicar.

No desesperes. El arte de hablar en público es eso, un arte, pero tiene gran parte de ciencia, ensayo y error. Que se lo digan a Demóstenes, otro orador griego que tenía un grave problema, la tartamudez. En su primer discurso fue abucheado, insultado y sometido a burlas por el público. Demóstenes siguió ensayando, practicando y estudiando hasta convertirse en uno de los mejores oradores de la historia.

¿Y cómo lo consiguió? Pues nada fácil, con perseverancia y unos métodos poco ortodoxos que surtieron el efecto deseado (eso sí, tras varios años poniéndolos en práctica).

Demóstenes se afeitó la cabeza. En aquella época esto era un síntoma de enfermedad o clase baja. No estaba bien visto. Lo hizo para evitar la tentación de salir a la calle. Igualmente, durante esos años, al amanecer y cuando atardecía, iba a la playa a correr y gritarle al sol con todas sus

fuerzas con el fin de fortalecer su potencia de proyección vocal. En casa se metía piedras en la boca y un cuchillo atravesado para obligarse a pronunciar lentamente, sin tartamudear, siendo con esta técnica más consciente de hacia dónde se colocaban los órganos que intervenían en la vocalización. También ejercitaba sus posturas corporales, sus gestos, sus expresiones, y las ensayaba cada día. Así lo consiguió y sus discursos eran ovacionados y aplaudidos hasta la extenuación de un público entregado que finalmente reconoció el talento de Demóstenes.

Así que no desesperes, repito. Tómate tu tiempo. Ensaya, practica, prueba, estudia, corrige y vuelve a ensayar. Pero sobre todo, diviértete. Sin disfrute no hay resultados, porque los nervios, la angustia o la desesperación te llevarán a encallar en cualquier piedra del camino. Disfruta, sonríe y piensa que la evolución es lenta, a veces imperceptible, pero está ahí.

Técnicas para hablar en público.

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