Trucos que te ayudarán a conseguirlo

Para hablar en público habrás leído infinidad de técnicas y estrategias. Uno de los problemas principales que nos encontramos es el miedo. Para que no se convierta en un serio impedimento, hay trampas y trucos. Yo prefiero lo segundo, porque en las trampas nos solemos engañar incluso a nosotros mismos, y en cambio un truco es algo que preparamos, conocemos y utilizamos conscientemente.

Cómo hablar en público

Cuando subo a un escenario, a pesar de los años que llevo haciéndolo, me sigue recorriendo un hormigueo todo el cuerpo. Siempre he dicho que el día que deje de ocurrir será que ya no me divierte hacerlo. Y ese hormigueo es miedo, pero es algo que yo controlo, que transformo en una sensación agradable.

Los nervios son lógicos, incluso buenos (si sabemos utilizarlos). Así lo explico en Técnicas para hablar en público. Son una respuesta natural a una situación, generalmente angustiosa o incómoda para nosotros. Si sabemos aprovechar ese momento, todo irá como la seda. Esto es como lo de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Pues eso, haz que los nervios sean tu aliado.

A continuación te muestro algunos trucos para conseguirlo, llevarlo a tu terreno, utilizarlo, controlarlo y hasta eliminarlo. Son trucos de cuerpo y mente, que sólo tú podrás realizar y no necesitarás más ayuda que tu propia concentración.

Los nervios son tus amigos

Está más que demostrado que ayudan en la concentración. Generan un estado de tensión que provocan un estado de alerta en el que nuestros sentidos se agudizan. El problema llega cuando no los aceptamos, y tratamos de eliminarnos sin pensar en nada más, porque creemos que con ellos la cosa irá mal. Ahí, repito, radica el problema. ¿Por qué tratar de expulsarlos cuando pueden ser nuestros aliados?

Generalmente tratamos de hacer que desaparezcan, y entramos en una espiral interminable que va creciendo cada vez más y más. Quiero que se vayan, y al pensarlo aumentan, y como aumentan hago más fuerza para que desaparezcan, y al hacerlo, aumentan aún más…

Los nervios influirán en tu forma de hablar y de moverte, así que el primer paso para dominarlos, es no moverte demasiado y hablar despacio. Respira. Utiliza movimientos lentos y una voz pausada. Otro error que solemos cometer es hablar deprisa, movernos sin sentido, pensando que de esa forma vamos a dar esquinazo a nuestros temores.

Piensa en el ahora

También hablo de ello en el libro, y pongo como ejemplo el mismo que puso Will Smith en una charla que dio sobre el miedo. Es absurdo estar sufriendo durante la semana antes de subirte a un avión o tirarte en paracaídas. Angustiarte pensando en el momento de saltar, o estar en vela todas las noches imaginando todo lo malo que podría ocurrir. De la misma forma tampoco es sensato pensar en el después, en las consecuencias, en lo que podría suceder y su repercusión.

Disfruta el momento, el ahora, el aquí

Es lo que hay y lo que tienes. Si trasladas tus pensamientos a antes o a después, serás incapaz de disfrutar el ahora. Nada de fustigarse con lo que podríamos haber hecho, estudiado, ensayado de más. Lo que está hecho, hecho está. Y, por supuesto, tampoco hemos de crear el cuento de la lechera ni similares, pensando en lo que podrá ocurrir, ya sea para bien o para mal. Tu mente debe estar contigo, con tu cuerpo, no en otra parte. Y precisamente esto es lo que te va a ayudar a tomar conciencia. Respira, repasa tu cuerpo, la tensión que hay en cada parte, si sientes picor, frío o calor, si notas la ropa y no estás cómodo. Si tienes tiempo, comienza por la cabeza y ve recorriendo mentalmente todo tu cuerpo hasta llegar a la planta de los pies, que es la parte que te une a la tierra, a la realidad, al ahora.

Cómo hablar en públicoRespira

Puede parecer obvio, pero hay mucha gente que se olvida de hacerlo. Sólo nuestro cuerpo, que es muy sabio, nos lleva la contraria de una forma mecánica (y necesaria). Respira cuando hables, utiliza las pausas, los hermosos silencios, las intervenciones de terceros o cuando utilices recursos audiovisuales. Antes de salir al escenario (o sala de juntas, o reunión con cliente…), respira. En este caso la respiración te servirá para relajarte y, una vez más, tomar conciencia de tu cuerpo, y concentrarte mucho mejor.

La respiración, siempre, diafragmática. Lleva el aire al diafragma, no a los pulmones (ahí llega de una forma mecánica). Revisa que tu pecho no se expanda demasiado, debe ser tu barriga la que lo haga. Pon una mano sobre tu pecho y otro a la altura del ombligo. Nota cómo el aire llega a tu diafragma. Utiliza la secuencia de 7-4-8. Toma aire durante 7 segundos, retenlo durante 4, y expúlsalo durante 8. Con entre 5 y 10 respiraciones así, será suficiente.

Grita y salta

Nuestro cuerpo es aliado de los nervios. Sudores, temblores, dolor estomacal, cefaleas, mareos, vértigos, etc. En cuanto aparecen, se presentan estos síntomas como forma de protección.

No sólo se trata de relajar nuestra mente, el cuerpo es tanto o más importante. Hay que quitar tensión, sentir todas las partes, dominarlas. Así que grita y salta (siempre que puedas). No se trata de montar un numerito. Intenta buscar un lugar apartado. Proyecta la voz, no te desgañites. ¿Qué dices? Pues lo que quieras, lee algo, cuenta en voz alta… pero no ensayes el discurso (ya que perderás el objetivo). Por otra parte mueve tu cuerpo, tus manos, brazos, agítalos fuerte y rápido. Agáchate, salta. Ahora todo al mismo tiempo. ¿De locos, verdad? Pues sí, pero es eficaz.

No eres tú, no es nadie

Es muy común que nos echemos las culpas de lo que nos ocurra. Por no habernos preparado lo suficiente, haber ensayado el día anterior, o revisar los últimos datos. Tampoco tiene la culpa el gato, ni el perro, ni el vecino que estuvo de obras toda la semana. No hay culpas, porque no hay mal. Quiero decir que lo que salga, será lo que sea. Probablemente podría haber salido mejor, pero esa sensación la tendremos siempre, aunque ensayemos más, estudiemos más, y el vecino no haga ningún ruido.

Por supuesto, tampoco el público (ya sean cientos o apenas unos pocos) tiene la culpa de nada. El que tose, el que bosteza, el que hace ruidos con el papel del chicle, el que interrumpe, el que hace preguntas absurdas o incómodas… Todo lo que ocurre tendrá algún sentido. Tu charla tiene todos esos ingredientes, y nadie es culpable de lo que salga mal. Si piensas que sí, tu actitud va a verse condicionada, y se reflejará en tu forma de hablar, de moverte y de transmitir. Acepta lo que ocurra, utilízalo.

Bueno, y por el momento, esto es todo. Ya sabes que me gusta dosificarme, así que prometo que pronto habrá más.
Hay más, muchos más, lo sé. ¿Tienes tú alguno que puedas contarnos? Pues cuenta, cuenta… Deja en los comentarios lo que te ha ocurrido.
¡Gracias por lo que vendrá!

Técnicas para hablar en público.

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Ahora, como diría mi amigo Álvaro Alcántara, mi minuto de publicidad.

Estas y otras curiosidades más te las cuento en este libro que te invito a leer. Descubrirás trucos y técnicas para dominar el arte de la oratoria, hablar en público, cómo elaborar un discurso, enfrentarte a tus miedos y mucho más.

Te ayudará en tus presentaciones, aprenderás las mejores técnicas para hablar en público, cómo perder el miedo a la audiencia, cómo comportarte en un escenario, cómo expresar tus ideas con corrección y sin duda todos los recursos y habilidades que necesitas para ser un buen orador.