Tipos de oradores que podrías ser

Cómo hablar en públicoLa personalidad del orador no es la personalidad de la persona. Espero que eso se entienda. El orador es como el personaje de la obra, no es el actor que lo interpreta. La oratoria va más allá de la palabra. Los tipos de oradores son diversos, pero todos tienen esto en común.

No digo que olvidemos nuestra personalidad y estilo, digo que la amoldemos, que la ajustemos y que creemos la que más nos convenga y, por supuesto, con la que más cómodos estemos.

En cualquier caso, lo mejor es tener una actitud positiva, optimista, receptiva, empática.

Ya hemos comentado que el orador actúa. Es el intérprete de la charla. Y deberá prepararse el personaje en cada ocasión, independientemente de si desea mantener unas líneas generales de actuación que le sirvan en todo momento.

No cometas el error de ser siempre el mismo orador. Serás la misma persona, y no es lo mismo.

Hay oradores a los que se les oye, otros a los que se escucha. Los que no se les puede dejar de escuchar y a los que no se les puede escuchar o queremos que acaben pronto. Tú decides quién de todos ellos quieres ser y cómo vas a forjar tu aspecto y tu personalidad.

Cómo hablar en público

Orador parlanchín.

Este tipo de oradores hablan y hablan y hablan, aunque a veces no dicen nada. Les gusta escucharse demasiado. Habla sin apenas detenerse, sin pausas, acelerado. Cuenta historias y cosas que pierden el hilo y el sentido y al cabo de unos minutos las retoma sin orden ni control. Improvisa demasiado. No deja claro de qué está hablando o cuál es el centro del discurso. Una vez que ha terminado el público (además de agradecerlo) suele quedarse con la sensación de que no le ha quedado claro nada de lo que ha escuchado.

Orador pesimista.

Pesimista y a la defensiva. Todo es negativo, desde la preparación del discurso, su ejecución y sus consecuencias. Por supuesto también el discurso en sí es negativo y pesimista. Expone los temas desde el punto de vista de la negación, lo contrario, lo rechazable, lo malo. Está a la defensiva y preparado ante cualquier pregunta, duda o ser cuestionado. El discurso es agotador, y el público acaba influenciado por ese aire negativo y depresivo.

Orador optimista.

Este es todo lo contrario. Todo es superchuli, megafantástico. Todo es bueno, todo vale. Sonríe mucho. Parece feliz. Es positivo y lo transmite. Su energía es buena y da buen rollo. Suele pecar de exceso de optimismo. Con este tipo de oradores el público se divide entre los que les encanta y los que ven en él un iluso.

Orador agresivo.

Desde que entra hasta que sale. Pisa fuerte, tiene carácter, impone respeto y, lo peor, temor. Capta la atención de la gente en base a su negatividad, pesimismo y tono de voz enfadado. Su argumentación se centra en los aspectos negativos y expone sus teorías al respecto. A veces hace reflexionar porque dice en voz alta lo que otros callan, y a veces provoca rechazo ante tanta agresividad.

Orador gracioso.

Los hay de dos tipos. Los que lo son y los que se creen que lo son. Pero, ¿qué es gracioso y qué no es gracioso? Lo que para uno lo es, para otro no. Lo que a algunos les parece de buen gusto y apropiado, a otros les parece irrelevante y fuera de todo. Así que cuidado.

Este tipo de orador, gracioso o no, cree que lo es (a veces es así). Y por lo general suele abusar de esa gracia salerosa. Todo su discurso es un chiste, o casi. De esta forma es fácil perder cierta credibilidad y el público tiene la sensación de que ha acudido a un monólogo de humor que a una conferencia.

Orador simple.

Este es muy neutro en todo. Simple. No se complica. Su presentación es simple. Su discurso es simple. Su forma de actuar es simple. Él es simple. Es correcto, pero simple. Comunica, pero no transmite emociones. Por lo tanto, es bastante probable que sus resultados y las reacciones del público, independientemente del tema, serán simples.

Orador simpático.

No lo confundas con el gracioso, el simpático puede no serlo. Comienza con una gran sonrisa, mira a los ojos y busca la complicidad del público. Son personas muy positivas y son capaces de transmitirlo. Entretiene y suele caer bien. Si es un orador sincero, se gana a los asistentes de inmediato.

Orador histriónico.

Demasiado teatrero. Exagera sus gestos, sus movimientos, su tono de voz, sus argumentos. Busca los extremos para explicar y contar.

Suele esperar reacciones del público (como en el caso del orador gracioso) que a veces llegan y otras no.

Orador narcisista.

También conocido como el orador yo, mi, me, conmigo. Él es el centro de atención y de su propio discurso. Todo lo que cuenta es en base a él, le ha ocurrido, lo ha inventado, es experto.

Su actitud es ciertamente prepotente. Trata de mostrar seguridad y lo hace siendo narcisista.

Aprende sus movimientos, sus gestos. Sabe cuál es su lado bueno.

Se cree que el público debe casi reverenciarle y lo tiene en un segundo plano en su charla.

Orador seco.

No es simple, es seco. Habla, dice, cuenta, expone, pero con una sobriedad que llega al exceso. Es correcto, pero no transmite. No hay pasión, no llega, aunque su discurso suele ser interesante.

Es frío, distante. Habla, pero no comunica. No gesticula, apenas se mueve.

Este tipo de oradores pareciera que están obligados a hablar en público, y que no les gusta nada hacerlo. Da la sensación de que quieren terminar lo antes posible.

Orador documentalista.

Todo lo que haga o diga está basado en hechos reales, datos, cifras, estudios, libros de historia, artículos, tesis o cualquier otra fuente que corrobore sus argumentos.

Aunque los que lo hacen bien provocan curiosidad, el exceso puede provocar la reacción de «para esto me hubiera comprado un libro.»

Orador sabelotodo.

No es excesivamente narcisista (que también), pero sabe de todo, todo y todo. No hay tema que no dominen. Si alguien les pregunta, improvisan e incluso mencionan algo que confirme sus palabras.

El peligro es que en muchas ocasiones todo es inventado.

El orador sabelotodo no sabe de todo, pero se lo cree.

Orador vergonzoso.

Lo es de verdad. Es introvertido. No suele compartir secretos o confidencias. No se expone más que lo necesario. No busca que el público interactúe, y en el caso de que lo hagan sus respuestas son cortas, breves, concisas.

Su tono de voz es bajo, apagado. Sus movimientos son lentos y cerrados.

Por norma general son nerviosos, tienen miedo escénico y están deseando acabar.

Orador disperso.

Este tipo de orador es una mezcla de narcisista, seco, documentalista, vergonzoso, y tal vez alguno más.

Son despistados. Van a su aire y tratan de seguir un guion, aunque siempre se les va de las manos.

Saltan de un tema a otro sin sentido y en ocasiones llegan a perderse al enlazar un tema con otro y con otro y con otro, hasta llegar a un punto en el que realmente no saben dónde están.

No se centran, y por lo tanto el público tampoco lo hace.

Cómo hablar en público

Hay muchos tipos más de oradores, por supuesto. Podemos jugar a ponerles nombres a todos. Lo importante es que sepas que hay diferencias.

¿Y cuál es el orador perfecto? Pues la mezcla ideal que elijas entre todos ellos hasta conformar tu propio tipo.

Ten en cuenta que la personalidad no se forja en unos minutos. A veces se tarda media vida en descubrirla y aceptarla. El orador, en cambio, no puede esperar tanto, así que deberá crearla en mucho menos tiempo.

¿Conoces a algún orador u otro tipo? Pues cuenta, cuenta… Deja en los comentarios lo que te ha ocurrido.

¡Gracias por lo que vendrá!

Técnicas para hablar en público.

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